El perdón y Las dos vidas de Andrés Rabadán son películas nacidas de una misma experiencia, bifurcadas hacia el documental la primera y hacia la ficción la segunda. Dos films complementarios que perfilan la vida de Andrés Rabadán, en prisión desde que mató a su padre en 1994.
Hace 14 años, Andrés Rabadán mató a su padre disparándole con una ballesta. Fue condenado a 20 años de internamiento en módulos psiquiátricos penitenciarios. Desde entonces se ha casado, escrito dos novelas y expuesto tres veces sus inquietantes dibujos (como el de la portada). En todo este tiempo no ha pisado la calle. Ni una sola vez. Ni el fiscal ni el juez se deciden a ponerle en libertad. ¿Es aún peligroso?
¿Hasta qué punto está la sociedad preparada para el perdón? ¿Puede alguien descender a lo más profundo de los infiernos y sobrevivir? ¿Cómo es el amor en prisión? El Festival de Gijón acoge hoy el estreno de 'Las dos vidas de Andrés Rabadán', del debutante Ventura Durall. El debate está servido.
No haré nada tendencioso, aunque moralmente me posiciono. Mi mirada no es la de los funcionarios ni la de los psiquiatras, sino la de un hombre al que le es muy difícil una segunda oportunidad". Para el actor, su personaje es un monstruo al que la sociedad ha ahogado en su propio mito. "Por eso ante todo esta película es una reflexión sobre la dura realidad de las instituciones penitenciarias y la problemática de la reinserción.